domingo, 1 de marzo de 2026

Vamos a contar mentiras (fascismos)

La era de la "post verdad" tuvo un germen claro cuando en 2003 el retoño Bush puso en marcha la invasión de Iraq alegando la presencia de "armas de destrucción masiva" que suponían una amenaza exitencial para las buenas democracias liberales occidentales. Llamó al órdago al que ahora es el viejo mundo geopolítico: y los Aznares del mundo acudieron a la llamada.

El rasgo distintivo de esa operación fue lo impúdico de la mentira. Y eso es lo que se ha normalizado y desarrollado a lo largo de estos últimos 20 años y se expresa en su forma cénit en el "trumpismo" y su operación con respecto a invasión de facto de Iran bajo la coartada del desarrollo de armamento nuclear del que no se dipone prueba alguna.

El paralelismo es evidente. Así pues, no importa tanto cual es el orden mundial que se pretende sostener (Bush) o contruir (Trump). Son casi opuestos,  pero solo porque los intereses varían. Sra como sea, lo que no difiere es lo es lo que subyace: la disposición pornográfica e impúdica para exponerse a la total indeferencia por el principio de realidad.

Si dudan de la matriz fascista como únics ideologia estructural y profunda que asoma en el horizonte de nuestros días, solo tienen que buscar quién y cuándo se lanzó la idea de bastaba repetir una mentira hasta la saciedad y hasta que se convirtiera en verdad aceptada. Sin embargo, aflora una diferencia respecto a los tiempos terribles. Hacer de la mentira una verdad, ni siquiera es hoy una preocupación.

Aplausos.

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